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En el reino de los pieles rojas

Tino Pertierra  |  Mercurio 181 · Narrativa - Mayo 2016
  • In Mercurio 181 · Narrativa
  • — 18 Abr, 2016
José Carlos Llop. © Manu Mielniezuk

José Carlos Llop. © MANU MIELNIEZUK

Reyes de Alejandría
José Carlos Llop
Alfaguara
184 páginas | 17,90 euros

Reyes de AlejandríaReyes de Alejandría es una novela con banda sonora incluida. De una vida, de muchas vidas. También cuento y recuento: lecturas, películas, sueños, pesadillas. Y viaje en el tiempo a las escaramuzas entre rojos y grises en el país de las brumas políticas, sociales y policiales. Pistas: “Leí que David Bowie escribía sus canciones con versos recortados, como un cadáver exquisito. Escribía primero el texto, recortaba los versos uno por uno, los barajaba y escogí al azar, volviendo a unirlos en función del orden nuevo”. El desorden de los recuerdos se engarza en el libro de José Carlos Llop con la precisión de unos versos encadenados a la memoria más recalcitrante. “Yo no escuchaba música; yo era la música que escuchaba”. La prosa de Llop no sólo se lee: se escucha. Suena a elecciones que tienen mucho de lección: cómo se educó una sentimentalidad maleducada, malformada. “Se vivía dentro de la música porque no se quería vivir fuera”. Música y poesía de la mano para hacer de ambas una herencia del tiempo en fuga. Poetas que cantan, canciones que cuentan. Cuerpos desnudos acostados sobre los pliegues del amor. Historia de conciertos, inventario de discos, imágenes inolvidables: los galgos que soltaron del Canódromo de Barcelona a ritmo de Hendrix, por ejemplo. “Un poeta es un piel roja agachado sobre el suelo, escuchando el latido de la tierra”. El piel roja Llop escucha el latido de sus propios recuerdos, ordenadamente dispersos, y su relato se transforma en partitura donde queda retratada la suciedad anónima de un país que intentaba quitarse las telarañas de la tiranía, pero también la magia de las pieles gozadas, o rozadas, los descubrimientos alborozados en tiempos que soñaban con la modernidad. Y en clave de prosa, porque es la “que nos salva. La poesía nos protegió del mundo con distintas armas; la prosa nos aislaría de él con sus mismas armas”. Es la guerra: siempre la ganará el tiempo. El narrador lo admite: “Nunca he escrito sobre otra cosa que no sea el paso del tiempo y el tiempo pasó”. Como esos reyes alejandrinos efímeros de los que escribió Cavafis, los personajes de Llop tienen el tiempo contado, y por ello cantado porque nada expresa más con menos que una canción, nada como la música refleja con tanta intensidad la fugacidad de los sentimientos, el fogonazo eterno de una emoción (com)partida en dos. Reyes de Alejandría no es una novela para leer de un tirón, no es una novela trepidante, no es una novela que admita fajas que adelgacen su hondura con un par de frases gancho. Son páginas / melodías encadenadas, versos sin doblar que invitan al lector a dejarse llevar por los ecos del silencio, compartiendo con el narrador los pozos y las sombras, la nostalgia y el amor, las escapadas y los refugios, las barricadas y los libros, las calles de París y los callejones del fracaso. La certeza de las ideas, la incertidumbre de las decisiones. Un libro para los que aman la intemperie.

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